Lo que nos traemos del México Carbon Forum 2026
Aguascalientes, 2 y 3 de septiembre de 2026.
Una crónica desde Raíces y Conexiones, para nuestra comunidad.
Fuimos por invitación del Comité Organizador, y fuimos con una idea clara en la cabeza: no ir nada más a escuchar.
Porque a estos foros se puede ir de tres maneras. A tomarse la foto. A tomar apuntes. O a traducir. Nosotros fuimos a lo tercero: a agarrar el lenguaje técnico de los mercados de carbono —que a veces parece diseñado para que nadie de fuera lo entienda— y regresarlo convertido en algo útil para quien vive en un ejido, en una comunidad, en los diferentes puntos del territorio mexicano.
Y salimos de ahí con una certeza que conviene decir de entrada: la acción climática está entrando en una etapa mucho más exigente. Ya no basta con hablar de toneladas de carbono. Hoy un proyecto tiene que demostrar adicionalidad, permanencia, medición, trazabilidad, salvaguardas sociales, derechos claros sobre la tierra y beneficios verificables para las comunidades. Todo eso. Y si falta una pieza, el proyecto no camina.
Estos son los dos días, contados de frente.
Primero, el tamaño del asunto
La sexta edición del México Carbon Forum la organizó MÉXICO2, la plataforma de mercados ambientales del Grupo Bolsa Mexicana de Valores. Cerca de 3,500 participantes en el Complejo Tres Centurias, gente de todos los estados del país y de alrededor de 25 países.
Eso ya dice algo. Cuando la Bolsa, la banca, las certificadoras, los compradores corporativos, los verificadores, los gobiernos estatales y las organizaciones territoriales se sientan en el mismo salón durante dos días, es porque el tema dejó de ser solamente ambiental. Se volvió económico, regulatorio y social. Con todo lo bueno y todo lo delicado que eso implica.

Hubo un dato que a nuestro juicio ordena toda la conversación. Lo dio Eduardo Piquero, director general de MÉXICO2: México cerró 2025 con 3.5 millones de créditos de carbono emitidos, un récord de volumen. Pero enseguida vino el matiz, que es el verdadero tema: falta demanda local. Sin compradores mexicanos, el mercado no gana profundidad.
Hay que leerlo así: sabemos generar proyectos. Lo que no acabamos de construir es el otro lado del mostrador.
Lo que de verdad nos cambió el criterio
Ahora sí, lo que nos llevamos. Y no son las cifras.
1. La gobernanza no va primero. La gobernanza es lo principal.
Si de estos dos días tuviéramos que rescatar una sola conversación, sería la que tuvimos con José, comisionado principal, y Diana, joven guardiana del río, del proyecto REDD+ Cuenca Alto Baudó, en Colombia.
Nos contaron que antes de vender un solo crédito hubo dos años de consulta con 140 comunidades indígenas y afrodescendientes, más de 12,000 personas. Dos años. Y después casi tres años de operación. Hoy hablan de más de 190,000 hectáreas protegidas y más de 2.5 millones de toneladas de CO₂ reducidas verificadas.
Pero lo que se nos quedó grabado no fue ninguna de esas cifras. Fue una frase que dijeron casi al pasar: «el territorio nos unió».

Y al despedirse, un mensaje directo para quien nos lee:
| «Inténtenlo: es posible y es bueno.»
Ahí una discusión técnica se convirtió en una lección de confianza, de paciencia y de propósito. Un proyecto climático serio no arranca con un contrato. Arranca con asambleas, con acuerdos, con jóvenes formados en su propia comunidad. Todo lo demás viene después.
2. El crédito es la última pieza, no la primera.
Este mensaje se repitió en varios paneles y nos parece el más importante de comunicar hacia afuera cuando del mercado de carbono se trata.
El orden correcto es: prevenir, reducir y, sólo al final, compensar. Los créditos de carbono sirven para atender las emisiones residuales y para movilizar recursos hacia proyectos de alta integridad. No son, ni deben volverse, un permiso para seguir contaminando igual ni una manera elegante de simular. A eso ya le pusieron nombre y se llama greenwashing y es inaceptable.
Si alguien le ofrece a su comunidad "vender carbono" como primer paso y sin hablarle de gobernanza, medición ni derechos, desconfíe. En serio.
3. Sin derechos claros sobre la tierra, no hay proyecto sólido.
Propiedad o posesión bien documentada. Salvaguardas sociales. Transparencia. Distribución justa de beneficios. Eso no son trámites secundarios: son condiciones de éxito. Son lo que permite que un proyecto pase una verificación y, sobre todo, que sobreviva al tiempo.
Aquí sentimos que la experiencia agraria y territorial que traemos desde Oaxaca no es un accesorio en esta conversación. Es justo lo que al mercado le falta y le urge: acceso legítimo al territorio y capacidad real de construir gobernanza.
4. Esto ya no es sólo carbono.
Uno de los bloques más movidos del foro fue el de la nueva frontera de los mercados ambientales: agua, biodiversidad y plásticos. Ya existen herramientas para cuantificar y verificar resultados en gestión hídrica y biodiversidad, no nada más toneladas de CO₂.
Para territorios que llevan generaciones conservando manglar, bosque, río y especies sin que nadie les pusiera un valor, esto abre puertas reales. Con una condición que no vamos a soltar: que el valor ambiental no se separe de quien cuida el territorio.

5. Un proyecto tiene que nacer listo para medirse y para venderse.
Lo trabajamos a fondo durante el foro y aplica para todo: trazabilidad desde el día uno, línea de base, medición y verificación. Y también materia prima segura, logística, producto, comprador y una ruta de ingresos clara.
La tecnología sola no hace viable nada. Y la buena intención tampoco.
¿Y qué significa esto para nuestros territorios?
Regresamos de Aguascalientes con algo más ordenado de lo que llevábamos. Las ideas que traíamos sueltas —conservación costera, restauración, pagos por servicios ambientales, aprovechamiento de residuos, turismo regenerativo— empiezan a acomodarse bajo una misma arquitectura territorial, con criterios y con orden.
Vamos a ser muy claros con ustedes, porque es parte de cómo trabajamos: no regresamos con financiamiento firmado. Regresamos con rutas de trabajo, interlocutores serios y aliados técnicos identificados. Nada de esto es un cheque todavía, y no lo vamos a contar como si lo fuera. Cuando haya algo cerrado, se los diremos con esa palabra.
También abrimos vínculos con equipos que pueden bajar mucho la incertidumbre de quien quiere estructurar un proyecto: capacidades de levantamiento aéreo con LiDAR y modelos tridimensionales para líneas base y monitoreo, e inteligencia de biodiversidad y datos espaciales para documentar resultados ecológicos de forma que un verificador o un comprador los pueda revisar sin dudas.
Y algo que valoramos mucho: el contacto directo con Eduardo Piquero y el equipo de MÉXICO2, que conecta lo que hacemos en el sur con el ecosistema nacional de mercados de carbono.

Por qué valió la pena estar ahí
Convertimos información en criterio. Hoy podemos distinguir mejor entre un proyecto climático serio y una promesa sin sustento. El orden es: primero territorio, después línea de base, medición, verificación y mercado.
Convertimos contactos en rutas de seguimiento. No regresamos con tarjetas sueltas. Regresamos con temas concretos, interlocutores con nombre y próximos movimientos definidos.
Llevamos la voz del territorio a una conversación nacional. En una sala llena de banca, bolsa y corporativos, hacía falta quien hablara desde el ejido y la comunidad. Ese lugar lo ocupamos con respeto y lo vamos a seguir ocupando para dar voz a quienes no pudieron estar.
Confirmamos para qué existe Raíces y Conexiones. Para estar donde se genera el conocimiento especializado, traducirlo y devolverlo a quienes de verdad toman decisiones sobre la tierra.
Antes del foro teníamos proyectos, intuiciones y relaciones. Después del foro tenemos prioridades, referentes e interlocutores. Esa es la diferencia entre asistir a un evento y aprovecharlo. |
Nuestra conclusión
Nuestra presencia en el México Carbon Forum 2026 valió la pena porque acercó dos mundos que con frecuencia hablan lenguajes distintos: el del financiamiento y los mercados climáticos, y el de las comunidades que conservan bosques, agua, biodiversidad y territorio.

Raíces y Conexiones quiere ser el puente entre ambos. Pero con una regla sencilla que no negociamos:
Los instrumentos deben estar al servicio del territorio, y no el territorio al servicio de los instrumentos.
Los mercados ambientales van a crecer con nosotros o sin nosotros. La diferencia está en si llegamos preparados, organizados y con derechos claros, o si llegamos tarde a que alguien más nos explique qué se decidió.
Nosotros votamos por lo primero. Y por eso seguimos yendo, escuchando, preguntando y traduciendo.
Gracias a MÉXICO2 y al Comité Organizador por la invitación. Y gracias a José y a Diana, del Alto Baudó, que sin saberlo nos dieron la mejor lección de los dos días.

Gonzalo Villalobos López
Director y fundador de Raíces y Conexiones
Consultor en Desarrollo Regional Sostenible · Mediador Agrario
raicesyconexiones.org · Porque el conocimiento es un derecho, no un privilegio





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