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Sembrar sin destruir: agricultura regenerativa y el futuro del campo mexicano.

La crisis de los fertilizantes abre una oportunidad que no podemos desperdiciar


RAÍCES Y CONEXIONES  |  raicesyconexiones.org  |  Área Agrícola


El momento político: una agroecóloga al frente de la SADER.


El 1 de mayo de 2026 ocurrió algo sin precedente en México: por primera vez en la historia, una mujer asumió la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural. Pero lo relevante no es solo el género — es el perfil. La ingeniera Columba Jazmín López Gutiérrez es agrónoma y agroecóloga con más de 30 años de experiencia trabajando el campo desde adentro. Al tomar posesión declaró que el país “se construye desde sus raíces” y reconoció que el campo vive “grandes retos pero también una nueva etapa de transformación.”


Su llegada coincide con la publicación, en abril de 2026, del Programa Especial Concurrente para el Desarrollo Rural Sustentable 2026-2030 — el instrumento que coordinará toda la política rural del sexenio. El problema: ese programa todavía no nombra explícitamente la agricultura regenerativa ni contempla incentivos específicos para la transición hacia ese modelo. Ahí está la ventana. Y hay que abrirla ahora.



El suelo mexicano: dos de cada tres hectáreas, lastimadas.


México tiene un problema de tierra que pocas veces se discute con la urgencia que merece. Alrededor del 64% de los suelos agrícolas presentan algún grado de erosión o degradación. La FAO estima que más del 56% del territorio nacional está en esa situación. Décadas de monocultivos, arado intensivo y sobreuso de agroquímicos cobraron su factura.


Un suelo degradado no solo produce menos: tampoco retiene agua, libera carbono en lugar de capturarlo, y hace a las comunidades rurales más vulnerables a cada sequía y cada temporal extremo. El cambio climático castiga más duro donde la tierra ya está débil.



¿Qué propone la agricultura regenerativa?


No es una moda ni una ideología importada. Es un modelo de producción que parte de una idea antigua: la tierra es un organismo vivo. Cuando se cuida, mejora. Sus principios son simples:


•   Mínima labranza: no destruir la estructura ni la vida microbiana del suelo.

•   Cobertura vegetal permanente: proteger la tierra, conservar humedad, alimentar su fauna.

•   Diversificación: rotaciones, policultivos, agroforestería — romper la dependencia del monocultivo.

•   Reducción progresiva de agroquímicos: reemplazarlos por soluciones biológicas y orgánicas.


La diferencia con otros enfoques sustentables es clave: no busca solo “contaminar menos” — busca revertir el daño y devolver fertilidad al suelo ciclo a ciclo.


Café bajo sombra en Oaxaca y Chiapas, ganadería silvopastoril en Veracruz y Tabasco,

maíz con labranza cero en el Bajío: el cambio ya está ocurriendo, desde abajo, sin esperar permiso.



La crisis de fertilizantes: el argumento que derrumba la objeción económica.


Durante años, la principal objeción a la agricultura regenerativa fue económica: “cuesta más y produce menos.” Esa objeción se está cayendo sola — y los datos de 2026 la derrumban definitivamente.


Entre enero de 2025 y marzo de 2026, la urea subió 46.7% y el fosfato diamónico 57.2% en México. Los costos por hectárea en maíz pasaron de 45,000 a 55,000 pesos. Hay productores que ya lo dicen sin rodeos: “Estamos perdiendo dinero.


El fondo es estructural: México importa el 75% de los fertilizantes que consume, con alta dependencia de China y Rusia. Cada tensión geopolítica en Asia o Europa del Este se convierte en una factura más cara en el campo oaxaqueño, sinaloense o guerrerense. En solo los primeros dos meses de 2026, las importaciones crecieron 34.1% respecto al año anterior.


Un suelo regenerado necesita cada vez menos fertilizante externo. Esa ecuación no es ideología — es aritmética. Reducir la dependencia de insumos importados es, al mismo tiempo, una estrategia de soberanía alimentaria y una forma concreta de frenar el alza en el costo de los alimentos.



Lo que falta: incentivos fiscales y financiamiento para la transición.


Ninguna transición productiva ocurre solo por convicción. Los incentivos económicos y el financiamiento tienen que moverse en la misma dirección que la política agrícola. Hoy, en México, no es así.


Los esquemas de crédito agropecuario — encabezados por FIRA, los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura — siguen diseñados principalmente para el modelo convencional: semillas mejoradas, fertilizantes sintéticos, maquinaria de labranza intensiva. El productor que quiere hacer la transición enfrenta dos o tres años de ajuste sin ningún amortiguador institucional. El riesgo lo absorbe solo.


Lo que se necesita es un giro en tres frentes:

•    Incentivos fiscales diferenciados: deducciones o estímulos para productores que adopten prácticas certificadas de agricultura regenerativa. El fisco puede ser una palanca real.

•    Líneas de financiamiento de transición: créditos con tasas preferenciales y periodos de gracia para los primeros ciclos del cambio. FIRA tiene la arquitectura — falta la instrucción política y los criterios técnicos.

•    Apertura de mercados con precio justo: la demanda de productos regenerativos crece en México y en mercados de exportación con exigencias ambientales. Pero esa demanda no llega sola al ejidatario o al comunero. Se necesitan cadenas de valor, certificación accesible y una política comercial que no sacrifique al productor chico.


Desde el Poder Legislativo hay un instrumento disponible: un punto de acuerdo o exhorto de la Cámara de Diputados a la SADER y a la SHCP para que el Programa Especial Concurrente 2026-2030 — recién publicado en el DOF — incorpore explícitamente incentivos y financiamiento para la transición regenerativa. El momento es ahora: hay nueva secretaria con perfil agroecológico, un programa sexenal recién publicado, y una crisis de fertilizantes que hace el argumento económico irrefutable.


La pregunta no es si la agricultura puede ser rentable y regenerativa al mismo tiempo.

La pregunta es si puede ser rentable a largo plazo si no lo es.



Sembrar mejor: un compromiso con las generaciones que vienen.


La agricultura regenerativa no le pide al campo mexicano que deje de producir. Le pide que produzca de otra manera: con suelos que mejoran en lugar de agotarse, con menos dependencia de insumos importados, con comunidades rurales más resilientes frente al cambio climático.


Para ejidos, comunidades agrarias y pueblos indígenas que tienen en la tierra su principal patrimonio, este modelo no es solo una técnica productiva: es recuperar la relación entre trabajo, tierra y naturaleza que sostuvo a la agricultura mesoamericana por milenios. El suelo puede sanar. La pregunta es si las políticas públicas estarán a la altura.

 

Fuentes

SADER. 'Cuidemos los suelos agropecuarios'. Gobierno de México, 2024.

FAO México. 'Restaurar la tierra, generar oportunidades.' 2025.

Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA). Reporte de precios de fertilizantes enero 2025 – marzo 2026.

El Informador. 'Alza de fertilizantes golpea al campo mexicano.' Abril 2026.

DOF. Programa Especial Concurrente para el Desarrollo Rural Sustentable 2026-2030. 13 de abril de 2026.

BM Editores / El Universal. Perfil de Columba López Gutiérrez, nueva titular de la SADER. Mayo 2026.

Cotler et al. 'Erosión de suelos y carencia alimentaria en México.' Investigaciones Geográficas, UNAM, 2020.

 

 
 
 

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